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Desde tiempos inmemorables, el caballo y el ser humano han establecido una relación de dulce y agraz. En un comienzo, el hombre primitivo le dio caza para obtener su carne y su piel, tal como se puede apreciar en las primeras obras de arte humano: las pinturas rupestres. Los vestigios encontrados en los palafitos y la enorme cantidad de acumulación de esqueletos depositados al pie de abruptos acantilados por donde, seguramente los obligaba a despeñarse, así lo delatan.
Más tarde, el hombre al dejar de ser nómade para convertirse en sedentario, descubrió -para su bien y el de la especie equina- las bondades de la domesticación, utilizándolo como herramienta de trabajo, y de paso transformándolo en uno de sus más fieles animales de servicio. Pero el caballo, mucho antes que nuestros primitivos antepasados siquiera se alzaran en sus dos extremidades, ya tenía por sí solo una historia.
Origen del caballo El más remoto antecesor del caballo, hace más de 50 millones de años fue el Eohippus, un mamífero que poseía cuatro dedos en las extremidades anteriores y tres en las posteriores y su tamaño era equivalente a una liebre. Presentaba dientes especializados para su dieta herbívora y sus ojos estaban ubicados en una posición más central con respecto a la cabeza a diferencia del caballo actual (donde la ubicación de los ojos le brinda un mecanismo de defensa, por la vista perisférica que posee).Su hábitat natural estaba situado en lo que hoy es América del Norte.
A través de los años, se fue extinguiendo, para dar paso al Phiohippus hace 5 millones de años atrás, un animal del tamaño de un asno. Este evolucionó no sólo elevando su altura, sino que perdiendo sus dedos laterales, quedando sólo el dedo central hipertrofiado. La evolución continuó hasta ser monodáctilo (un solo dedo). Este dedo a través del tiempo, se endureció formando finalmente pezuñas que le permitían lograr mayor velocidad y poder huir de sus atacantes. Este último es el antecesor inmediato del actual caballo. Apareciendo finalmente el género Equus, hace 2 millones de años, con su pezuña córnea endurecida.
Los caballos se clasifican por su Orden como Perisodáctilos (mamíferos herbívoros ungulados, que apoyan las uñas para caminar, con un número impar de dedos finalizados en pezuña), su suborden es Hipomorfos, y su familia Equidos.
Se ha concluido que el caballo fue domesticado por distintos pueblos, más o menos en la misma época. Desde Asia Central, en el norte de África y el sur de España. A Europa llegó a través de senderos naturales que existían hasta el fin de la era glacial, cuando el continente americano se encontraba unido a Europa y Asia. Una vez que estos glaciales se derritieron, las migraciones desde y hacia los continentes terminaron, quedando extinto en América. Los españoles lo volvieron a introducir al continente, durante la conquista de América.
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